La Basílica de la Anunciación

Gracias a las diversas investigaciones, hoy es posible tener una idea más precisa de lo que debe haber sido uno de los complejos más ricos e importantes de la Tierra Santa cruzada.

Alrededor de la gran iglesia, orientada hacia el este-oeste, se desarrollaba en el norte el palacio episcopal, al sur una serie de habitaciones abiertas sobre un apoyo, quizás el hospital de peregrinos o las caballerizas, y al este, dentro de los ábsides, el cementerio. Las amplias construcciones cruzadas destruyeron buena parte de las habitaciones previas y modificaron el perfil del suelo.

La iglesia tenía tres naves, terminando en ábsides semicirculares cerrados dentro de muros rectangulares y medía exteriormente 72x30 metros e interiormente 61x21 metros: es evidente la desproporción entre la longitud y el ancho, motivada probablemente por la pendiente rocosa, que desciende marcadamente de norte a sur, y que habría obligado a los constructores a una iglesia estrecha per ottenere maggiore stabilità. Los muros de los ábsides y de la fachada tenían un espesor que llegaba también a los cinco metros, mientras los muros laterales presentaban un espesor de dos metros: el aspecto fortificado de la iglesia debía ser evidente, con fachada con vista y varios edificios a los lados.

El edificio fue construido con piedras locales llamadas mizzi, sultani y nari, de color blanco, que se adecuaban por ser resistentes y compactas: generalmente usaron dovelas cuadradas en piedra sultani para las partes bajas y piedra nari para las altas. Diversas indicaciones de extracción de las piedras se encuentran presentas en la roca alrededor de la venerada Gruta y corresponden a la medida de las piedras empleadas en la fábrica cruzada. El trabajo de las piedras fue preciso, realizado con el típico corte en diagonal de las superficies. Lapidarios procedentes de Europa dejaron en las dovelas símbolos y marcas que los identificaban.

Las secciones de amurallado mejor conservadas son las del lado norte y de una parte de los ábsides; para ello, en la hipótesis reconstructiva de Bagatti y Alliata, hallaron aquí y allá en la excavación o reutilizados en las murallas del siglo XVIII que, puestas juntas, permiten tener una idea más clara sobre la tipología arquitectónica y decorativa de la iglesia. La fachada tenía un solo portal de acceso: durante la construcción de la iglesia del siglo XVIII, salieron a la luz los restos arquitectónicos del zócalo, decorados con ranuras y algunos doveles finamente trabajados que decoraban el portal. Junto con otros varios restos recuperados en 1955, fue posible para Bagatti, reconstruir hipotéticamente el portal esviado, con un solo acceso y con zócalo de base superpuesta por pequeñas columnas que sostenían la arquivolta.

La arquivolta debía ser especialmente rica: los restos del arco muestran figuras de animales y bandas con decoración de hojas, recogidas por una cinta y superpuestas con aros; una hermosa inscripción de la segunda mitad del siglo XII recibía al peregrino que pasaba el portal. Al centro, la luneta fue probablemente enriquecida con esculturas en alto relieve de dimensiones próximas a la real. Bagatti desarrolló también la idea de que algunos fragmentos de escultura, como el que ilustra a un santo que tiene en la mano las llaves y sostiene el pequeño modelo de una iglesia, interpretado como San Pedro, podía pertenecer a la decoración de los lados del portal. En los años ochenta también el estudioso Z. Jacoby probó una reconstrucción del portal, sosteniendo que el estilo podía ser de inspiración borgoña, con dos accesos separados por una estatua columna central y con la escena del triunfo de Cristo en gloria en la luneta central. Ambos estudiosos colocan los capiteles historiadores, hallados en la gruta, encima de las columnas laterales del portal.
Observando el espesor de los muros de la fachada, Bagatti presentó su hipótesis de que las dos torres de la campana se levantaran a los lados, en el estilo de muchas iglesias cruzadas, como por ejemplo la del Pozo de Jacob en Nablus, en Samaria.

Los lados externos de la iglesia fueron reforzados con contrafuertes, a los cuales correspondían internamente los semipilares cruciformes; al interior, las naves fueron encompasados por seis pilares por lado, los primeros tres en la base cuadrada y los segundos tres alternados entre cruciforme y cuadrado. Los diversos fragmentos de capiteles foliares, decorados también con mascarones o frutas, los apliques con hojas y trenzados geométricos, las bases con decoraciones geometrizantes, hacen pensar en una iglesia diversamente decorada. La luz entraba por las ventanas ubicadas en lo alto, a lo largo de las naves laterales, debajo de las bóvedas.

El suntuoso edificio acoge en su interior la venerada gruta, ubicada entre los pilares, bajo los arcos de la nave izquierda. A la gruta se desciende por dos escalinatas, una al oeste hacia la entrada y una al este hacia los ábsides, luego, en un segundo momento, se mantuvo solo el acceso al oeste.

Para facilitar el movimiento de los peregrinos alrededor de la gruta, los arquitectos cruzados realizaron una absidiola poco profunda, a lo largo del lado norte de la iglesia. Era posible caminar ya sea a lo largo de los lados de la gruta y en el techo. Son muchos los murales en las piedras dejadas por los peregrinos que transitaban alrededor de la gruta. Los fieles podían observar el interior de la gruta a través de una “ventanilla de confesión”, una apertura realizada en el lado oeste, punto de gran interés, observando la bella decoración que la enmarcaba seguida con cintas que terminan en cabeza de diablillo. Según la reconstrucción del p. Bagatti y de p. Alliata, es probable que encima de la gruta hubiera un altar cubierto por un templete, adornado por capiteles en hojas grandes realizadas en excavaciones.

Una guía de 1231, que describe la gruta ubicada debajo de los pilares, lleva el ejemplo de la iglesia de Nuestra Señora de Tartus, en las costas de Siria, que tiene un pilar que se inicia debajo del ingreso de la cripta. Hasta ahora, ésta forma la comparación más directa.

La gruta, ubicada en un nivel más bajo respecto del pavimento de la i
iglesia, sufrió transformaciones que la modificaron con respecto al periodo bizantino. Una de estas transformaciones fue, por ejemplo, la probable eliminación de la “gruta de Conone”.

Las escaleras conducían a un espacio rectangular, llamado “capilla del Ángel”, y desde aquí se accedía a la antigua gruta. Bajando por las escaleras de oeste a la derecha de la Capilla del Ángel se abrían dos pequeñas cámaras ubicadas más abajo, de uso incierto.

El Padre Horn, quien describió la iglesia en 1730, perpetuó el diseño del pavimento cosmatesco que probablemente decoraba la gruta y que hoy no existe más: el estilo es el mismo de los pavimentos realizados por trabajadores en mármol italianos en el Santo Sepulcro o en Ain Karem. Las paredes de la gruta fueron reguladas y adelgazadas en vista de la construcción de la iglesia subyacente: para ello fue reconstruida en mampostería parte de la bóveda y fueron adelgazadas las columnas de granito para poder sostener el peso del pilar subyacente al techo de la gruta (las columnas de granito son aún visibles a la izquierda del ingreso a la gruta).

El abad Daniele, que probablemente vio la gruta aún no restaurada por los cruzados, describe una antecámara, con el lugar en el que María hilaba antes de la aparición del Ángel y una habitación separada, con el sepulcro de San José; según el abad, por la antecámara se podía ingresar a la gruta, donde había un altar redondo, colocado encima de una columna, bien en el punto en el que se creía habría estado el ángel durante la Anunciación.

Después de la segunda mitad del siglo XII, la gruta fue seguramente transformada: los cruzados limitaron el acceso a una sola entrada, la del oeste, por la que entró Teodorico, y reorganizaron la Capilla del Ángel; la tumba de José en este punto parece no existir más una cámara separada, pero en la pared norte de la venerada gruta; se añade además la memoria del lugar del nacimiento de María. Otros detalles fueron añadidos por el monje griego Focas, quien es testigo de que el ingreso a la gruta fue embellecido con pinturas de la Anunciación. Probablemente, la organización del interior no fue del todo cambiada, pero cambió por el contrario el punto de vista: Focas, proveniente de la tradición oriental, identifica las memorias en modo diferente de la occidental.

Se puede concluir que entre el inicio y la segunda mitad del siglo XII, los trabajos siguieron en curso, y que estos trabajos determinaron la nueva forma arquitectónica del lugar Santo, ya sea en el plano o los alzados. Además, las memorias evangélicas recordadas en la gruta variaban según la tradición latina u oriental de los peregrinos. Finalmente, es posible que el proyecto para la decoración de la gruta se haya iniciado después del terremoto de 1170, y que los mismos capiteles de los apóstoles como asumieron algunos estudiosos, entre ellos Folda, debieron pertenecer a una nueva solución arquitectónica, quizás un pabellón, ubicado como complemento del monumento encima de la gruta.