Las grutas

Se excavaron diversas grutas en la colina rocosa que descendía de norte a sur, usadas como parte de habitaciones o para las instalaciones productivas. Entre ellas, sólo dos formaron parte del Santuario: una más amplia, venerada por la Anunciación, y una más pequeña e irregular conocida como la gruta de Conone. Las grutas sufrieron muchas transformaciones especialmente en la edad medieval, cuando la de la Anunciación fue ampliada y la de Conone destruida y enterrada en parte. Pero es bastante posible que hasta la primera inclusión al interior del lugar venerado éstas hayan sido ya modificadas en su forma.

La gruta de la Anunciación se presenta hoy como un espacio irregular de 5,50 metros de norte a sur y de 6,14 de oeste a este, con un pequeño ábside en la pared este. De la edad bizantina quedan, en el lado norte, algunos lacertes de enlucido de pocas capas, que recubría probablemente toda la roca expuesta de la Gruta. Es de mucho interés, en la segunda capa, algunos trazos de dibujos con escritos.

La segunda gruta, llamada de Conone, antiguamente podría haber sido un espacio memorial con un mostrador realzado. El ambiente fue enterrado en el medioevo. En la pared del este existen seis capas de enlucido sobrepuestas. Hoy es visible el enlucido más antiguo, el que representa una banda con plantas floridas y corona y una inscripción en idioma griego. Según Bagatti y Testa la inscripción dibujada nombra a Valeria “sierva del Señor Cristo”, quien hizo “una memoria para la luz”, es decir hizo decorar la gruta con la representación de un Paraíso florido en memoria de un mártir, quizás el mismo Conone de Nazaret. En el enlucido fueron dibujos también una serie de nombres e invocaciones a Cristo; una moneda data de este enlucido más antiguo de la segunda mitad del siglo IV.