Las fuentes escritas

Según la tradición llegada de Epifanio ("Panarion" XXX.II.10) fue el Conde José de Tiberiade, un hebreo convertido en el tiempo de Constantino, quien solicitó poder construir la primera iglesia cristiana, en el pueblo de Nazaret, en la primera mitad del siglo IV. No existen testimonios ciertos sobre el éxito efectivo del Conde en la tentativa de construir una iglesia, pero esta hipótesis se ha considerado probable. Hacia el año 383, la peregrina Egeria vio “una gran y espléndida gruta” en la que la Virgen María habría vivido, con un altar en el interior y un jardín en el que el Señor se entretenía después del regreso de Egipto”.

En los testimonios de los primeros siglos, se descubre la tendencia no hablar de los lugares de culto que no pertenecen a la tradición propia. Como ejemplo, San Jerónimo y Epifanio. En el caso específico de Nazaret se ha supuesto que existiera un lugar de oración en la casa de María pero no no haya sido observado por autores de linaje gentil, ya que estuvo custodiado por la comunidad judío cristiana. De hecho, Jerónimo al escribir sobre el peregrinaje hecho en compañía de Paola y Eustoquio, no habla de iglesias en Nazaret pero cita el pueblo. Se deduce de ello que Nazaret formaba parte de los lugares visitados por los peregrinos hasta de los primeros siglos.

Para obtener una mención directa de la iglesia es necesario esperar el año 570, con la visita del Anónimo de Piacenza ("Itinerarium", V). Él observó el pueblo, también la “casa de María” transformada en iglesia, además de la sinagoga oficiada por hebreos.

De la situación posterior a la conquista árabe del año 638 queda la descripción del peregrino Arculfo, que contó al abad Adamnano haber visto en Nazaret dos iglesias muy grandes: “una, en la que fue criado nuestro Salvador”, la otra “que es conocida por haber sido construida en el lugar de la casa donde el Arcángel Gabriel se dirigió a María”.
De estas dos iglesias quedó sólo la de la Anunciación, como se deduce del testimonio de Willibaldo en el año 724-26, quien habla sólo de la Anunciación, ya en cuidado de los musulmanes.

El último testimonio pre-cruzado es del histórico árabe al Mas’udi, del año 943: menciona haber visitado Nazaret y de haber encontrado ahí “una iglesia muy venerada por los cristianos y donde se encuentran los sarcófagos de piedra con huesos de muertos, de los cuales se exuda un ungüento similar al jarabe con el cual se untan los cristianos por devoción”. Probablemente se trata de sepulcros ubicados en la iglesia y muy venerados por los fieles.