Henry Maundrell

A Journey from Aleppo to Jerusalem, at Easter (1697)

El pastor anglicano Maudrell tiene un diario de su viaje desde Alepo a Jerusalén emprendido con ocasión de la Santa Pascua de 1697. Parte desde Alepo junto a quince hombres en febrero y regresa en mayo. La meta es Jerusalén, y el fin es el de asistir a las celebraciones pascuales latinas. Enriquecido de notas prácticas, este diario se vuelve una guía famosa de viaje traducida también en francés, holandés y alemán.
En Nazaret, Maudrell descansa cerca del convento franciscano, disfrutando una hospitalidad que se le ofrece a todo peregrino, también a los no católicos.
Además del testimonio de su diario, nuestro peregrino deja un recuerdo indeleble también mediante su firma, que junto con la fecha de su visita, se encuentra dibujada en los muros de la celda en la que estuvo alojado, con la de muchos otros peregrinos que en el curso de los siglos desafiaron las adversidades para emprender el Santo peregrinaje.


« Domingo, 18 de abril. – Nazaret es en la actualidad un pueblo insignificante, ubicado en una especie de valle cóncavo redondo, encima de una montaña alta. Fuimos recibidos en el convento construido en el lugar de la Anunciación. En este lugar, ya que estaba encerrado, siete de los ocho padres latinos, que han tenido una vida verdaderamente mortificante, estando siempre temiendo a los árabes, quienes son absolutos dueños del país.
En la tarde visitamos el santuario de este lugar. La iglesia de Nazaret se sostiene en una cuva, supuestamente sería el lugar donde la bendita Virgen recibió ese alegre mensaje del Ángel, Alégrate, llena de gracia, &c. Lucas 1,28.
Parece la figura de una cruz, parte de ésta representa el árbol de la cruz que tiene catorce pasos de largo, y seis encima; y va directamente hacia la gruta, sin ningún arco encima, pero el de roca natural: la parte atravesada de la cruz es de nueve pasos a lo largo y cuatro de ancho, y está construida al través de la boca de la gruta. Justo en la sección de la cruz están levantados dos pilares de granito, cada uno de dos pies y una pulgada de diámetro, y casi a tres pies de distancia uno de otro. Supuestamente deben estar en los mismos lugares, donde el Ángel, y el otro, donde la bendita Virgen estuvo en el momento de la Anunciación.
De dichos pilares, el más recóndito fue el de la bendita Virgen, separado por los turcos, en espera de hallar Tesoro debajo del pilar; de forma que dieciocho pulgadas de longitud del pilar desaparecieron, entre el pilar y su pedestal. No obstante, permanece de pie aunque es sostenido al través, no podría diferenciar. Llega al techo y está probablemente colgado del mismo: a menos que los padres lo hayan notado en concreto, está sostenido por un milagro.
Luego de esto fuimos a ver la casa de José, que es la misma, según lo cuentan, en el que el Hijo de Dios vivió por casi treinta años, sujeto al hombre, Lucas 2,51. A una distancia no muy lejana de allí nos mostraron la sinagoga, donde nuestro Señor predicó el Sermón, Lucas 4 con el que exasperó a sus conciudadanos. Ambos lugares están al noroeste del convento, y donde antiguamente se dignificaba a cada uno con una hermosa iglesia; pero estos monumentos de la piedad de la reina Elena ahora están en ruinas. »

Henry Maundrell, Un Viaje desde Alepo a Jerusalén, Londres 1823, pág. 95-96