Ricoldo di Monte Croce (1288-1291)

Liber Peregrinationis

El misionero dominico comienza a reunir sus experiencias en el oriente, elaborando un texto que luego serviría de guía para la mayor parte de los misioneros contemporáneos.
Visitó Nazaret menos de treinta años después de la destrucción de Baibars y su informe muestra la vehemencia de la destrucción, como la de mencionar una iglesia “casi completamente destruida”. Las misas continuaron celebrándose en los altares de la Gruta dedicados a la Anunciación y al Arcángel Gabriel.


«Desde aquel lugar (Naim) venimos a Nazaret. Encontramos una gran iglesia casi destruida en su totalidad y no quedaba nada de la antigua construcción más que la única celda donde se anunció la Virgen: el Señor la conservó como recuerdo de la humildad y la pobreza de ella. Sin embargo, en ese lugar está el altar donde la Virgen le rezaba, cuando le envió al Ángel Gabriel; se encuentra el altar del Arcángel Miguel donde estaba Gabriel durante el anuncio. Nosotros, después de haber celebrado las misas sobre todo en los dos (altares) y haber predicado la palabra de Dios hicimos un paseo caminando por la ciudad para ver especialmente aquellos lugares que fueron más frecuentados por la Virgen y por el Niño Jesús. Encontramos cerca de la ciudad un manantial al que se rinde máxima veneración, ya que la Virgen algunas veces iba a dicha fuente y el Niño Jesús a menudo llevaba desde allí el agua a su madre. Asimismo, fuimos a la Sinagoga, a una distancia de treinta millas (pasos), en los que Jesús leía al profeta Isaías. Todos estos lugares, desde el primero hasta el último, se encuentran en tranquila y pacífica posesión de los Sarracenos »

Itineraria Hierosilymitana Crucesignatorum, vol. IV, por Sabino de Sandoli, Jerusalén 1983, pág. 262-263