Área externa: recorrido arqueológico

Recorrido arqueológico

El recorrido del museo continúa a lo largo del espacio arqueológico que bordea la Basílica, donde se visualiza una serie de grutas que pertenecían al pueblo del que formaba parte también la gruta venerada. Esta área ha sido excavada entre 1955 y 1960 con la supervisión del Padre Bellarmino Bagatti junto con el Padre Emmanuele Testa. Parte del área fue ya excavada a inicios del siglo XVIII por el padre francés Viaud, quien descubrió la gruta en la que estaban enterrados los capiteles cruzados.

Se visualizan los restos del convento franciscano del siglo XVII y del palacio arzobispal cruzado, entre cuyos muros se ha extraído la sala del museo.

Los restos del pueblo prosiguen en toda el área franciscana, hasta la iglesia de San José, pero la parte visitable es la que está inmediatamente al norte de la Basílica, debajo de la plazoleta colgante.

Las excavaciones han sacado a la luz un complejo de casas – grutas que constituyen el pueblo habitado en el siglo I d.C., pero también objetos que datan de otras épocas.

El pueblo del tiempo de Jesús era pequeño y con vocación básicamente agrícola. Las construcciones posteriores han destruido mucho del poblado más antiguo, de los que quedan sobre todo las grutas, los silos para la conservación de granos y algunos instrumentos útiles especialmente para la molienda de granos o prensado de olivos.

Las casas estaban construidas directamente en roca, sin otra base. Las grutas halladas en esta área fueron parte de las habitaciones y se usaban principalmente como almacenes para guardar los granos o como establos para los animales.

Las casas nazarenas del tiempo de Jesús, como en la mayor parte de los pueblos hallados en las excavaciones arqueológicas en las regiones de Palestina, se caracterizaron por pequeños espacios, divididos por muros. Los techos estaban conformados por vigas de madera sobre las cuales hay una cubierta de cañas y palmas, protegidos a su vez con una mezcla de paja y lodo que requería continuo mantenimiento.

Las diversas habitaciones tenían vista a un patio central que sin duda representaba el corazón palpitante de la casa. Hoy queda sólo la posibilidad de intuir los usos y las funciones de los espacios, de los que se conservan especialmente las grutas y los silos. Estos últimos, son agujeros de boca circular y con forma de pera, a menudo sobrepuestos uno sobre el otro, y servían para almacenar el grano. En el área arqueológica se visualizan también restos de cisternas para el agua.

Una gruta inmediatamente al norte de la basílica es el ambiente más próximo al de la Anunciación. Aquí Viaud halló los cinco capiteles de la época cruzada, quizás enterrados para ser escondidos o bien simplemente se dispersaron después de la ruina de la basílica cruzada.

Esta gruta tiene en el frente los restos de los muros de una habitación que la antecedía. Su óptima conservación permite inferir el uso de la habitación. En su interior es posible observar los restos de un horno y de manijas a los que se unían los animales.

En el recorrido es posible admirar los mosaicos extraídos durante las excavaciones de la zona presbiteral de la basílica inferior, que fueron parte del santuario y del monasterio bizantino.

Recorrido arqueológico