Espacio interno

Interno

Apenas se ingresa, se permanece asombrado por la silenciosa atmósfera, favorita de la armoniosa arquitectura, consonada con el Santuario que encierra. La pared norte, a la izquierda de quien ingresa, está compuesta de un muro moderno construido en el sólido muro de la iglesia cruzada, elaborado con piedras bien trabajadas y con intervalos de semi-columnas. Las ventanas, regalo de Austria y obra de Lydia Roppolt, evocan un estilo antiguo. Al centro, encerrados por una balaustrada de hierro, son visibles los restos de la basílica bizantina que contiene, delante de la Gruta, el nuevo altar para las celebraciones.

Debajo del pavimento musivario de edad bizantina se encontraron piedras enlucidas que pertenecían al lugar de culto más antiguo. En los enlucidos son visibles los dibujos dejados por peregrinos en los siglos, hoy expuestos en el museo arqueológico de la Basílica. Una tina con pequeñas gradas se encontró debajo del mosaico, y es casi igual a la encontrada en la iglesia de San José.

En el fondo de la basílica inferior se encuentran tres ábsides, en parte restaurados y en parte rehechos, en estilo cruzado. Los dos laterales, con los altares hacia el pueblo, han sido reconstruidos con piedras antiguas; la central está decorada con el crucifijo en cobre repujado, del escultor Ben Shalom de Haifa, copia del que habló a San Francisco en San Damián. En el ábside están colocados los sopletes del órgano elaborados por la célebre empresa Tamburini de Cremona.

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